Recientemente estuve yendo a entrenar con más frecuencia,
Al entrar al agua siento ese olor a cloro, mis lentes que se empañan rápidamente. Al mirar al carril de al lado veo que el segundo de los nadadores le toca los talones al primero intentando adelantarlo, pero este no se deja, su orgullo le niega dejarse vencer. El entrenador camina, exigiendo a todos sus nadadores que se esfuercen más, se detiene un segundo para llamar la atencióna un par de adolescentes de atrás que están jugando, parece que se atraen, pero aún no lo saben. De pronto se sacude el agua a mi costado, ha llegado al carril donde estoy un caballero mayor, se mueve con cuidado, no me dice nada pero sé que su doctor le ha recomendado nadar, al parecer le duelen demasiado las articulaciones. Ahora tengo que hacerle más espacio. Toda esta escena me inunda de recuerdos.
Intento nadar más rápido, pero mi cuerpo ya no es el mismo. Recuerdo mis tiempos, lo extremadamente lejos que estoy de ellos. Recuerdo mi disciplina, veo lo difícil que es sostener esa fuerza ahora… ¿Qué hubiera sido de mí si nunca hubiera dejado de nadar?
Cuando me retiré de la vida competitiva, me convencí de que servir a los demás era la única manera de sanar mis propios vacíos. Así fue que me refugié en la medicina.
Han pasado ya más de 6 años desde que inicié la carrera, y ahora estoy aquí en el internado, soy ya prácticamente un médico.
¿He logrado servir a los demás? ¿Estoy ayudando al resto? ¿Mi esfuerzo está ahora salvando otras personas?
A pesar de que ya trabajo en el hospital, tengo responsabilidades, e incluso me pagan… no siento que esté cumpliendo mi promesa. Tengo una sensación incómoda e injusta, difícil de explicar. Muchas veces no siento que realmente esté ayudando a la sociedad, a veces siento que tal vez el paciente habría tenido el mismo resultado si no hubiera recibido atención médica. Incluso, en los días más difíciles, hasta pareciera que estoy estorbando al sistema.
No me siento como aquellos médicos que brindan recomendaciones basadas en la evidencia y te dan tranquilidad.
Mientras a mi alrededor pareciera que mis colegas cointernos, residentes, asistentes, enfermeras, obstetras sí les cambian la vida a los pacientes, siento que las personas que atiendo solo pasan por mí, sin haberlos ayudado realmente, sin haber dejado un impacto real sobre ellos. Al verlos salir del hospital siento que seguirán igual. Quiero ser como algunos de mis colegas que logran cambiar el destino de sus vidas.
¿Y si me he equivocado?
¿Y si cambié el egoísmo del podio por otra fantasía? ¿Y si la medicina no es la cura de mis vacíos?
El agua sigue fría, igual que hace muchos años. Me hundo un poco más, pero tengo que volver a partir porque ya estoy descansando mucho y toca la siguiente serie… y la siguiente guardia.